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Es posible que el editorial de hoy enoje a algún oyente. En tiempos donde pareciera hay que ser políticamente correctos, cualquier acto de sinceridad, un pensamiento propio, genuino puede calificarlo a uno como un enemigo.

Pero uno es periodista, entre sus roles está el de ser un observador de la realidad y en ciertas ocasiones opinar sobre el hecho.

Resulta imposible evadir esta semana el tratamiento de lo ocurrido el día sábado en  Olavarría en el recital que diera el Indio Solari.

El tema  tomó aristas tan extremas que violaré un principio periodístico y usare la primer persona del singular, no solo para no comprometer a mis compañeros del programa en una posición que -quizás- no compartan, sino para que quede claro que se trata pura y exclusivamente de un pensamiento propio, personal, que -en el peor de los casos- es equivocado y que esto no me convierte en un enemigo, en un facho o en un reaccionario.

Aún así no está en mi intención buscar supuestos responsables de la muerte de dos personas, no voy a opinar sobre la ola de rumores que se destapan sobre el indio Solari. No  voy a opinar sobre si  la organización del recital –que no fue buena- la lleva a cabo una empresa que pertenece al cantante, si el indio genera una imagen para llenarse de guita, si dice una cosa pero vive en EEUU, de nada de eso voy a opinar porque no lo sé y porque no soy un especialista en este temática, pero fundamentalmente no voy a opinar sobre nada de esto porque soy  periodista,  no fiscal.

No soy necio y reconozco que todo lo que hay alrededor de –los redondidos ayer, el indio hoy- es un fenómeno social impresionante.

Muy a pesar mío haré una serie de aclaraciones, no con el ánimo de justificar nada, simplemente porque este tema (como tantos otros) nos divide en blancos y negros, a favor o en contra, progres o fachos, y fueron tantas las cosas que se dijeron y se escribieron en estos días que necesita ciertas aclaraciones.

Empiezo: Nunca fui a un recital de Los Redonditos ni de los fundamentalistas del aire acondicionado, ni del indio, no soy fanático ni opositor, algunas canciones me parecen buenas otras no tanto... me gusta el rock aunque no está el indio entre mis preferencias en este campo. Eso no me invalida para opinar, y lo afirmo categóricamente porque en las redes sociales y en programas de radios y tv muchos plantearon que no pertenecer a esa tribu urbana  te invalida para opinar. Si así fuera no podría hablar ni opinar de violencia de género, trata de personas, el paro de los municipales o los médicos o el endeudamiento del estado, simplemente porque  los temas  no forman parte de mi experiencia personal.

¿Cómo haríamos los periodistas para ejercer nuestro trabajo, para opinar, escribir o hablar si el abanico de temas a abordar solo deben limitarse a formar parte de la experiencia o realidad personal?. Quienes me conocen saben de mi interés personal por la problemática ambiental, no puedo opinar y fustigar a los fumigadores porque nunca me fumigaron, no pudo hablar de la realidad rural, del monocultivo de la soja porque vivo en la ciudad???

Los temas sociales nos afectan, nos cuestionan, nos atañen a todos, de una manera u otra, lo protagonices o no, te afecten directamente,  indirectamente o no forme parte de tu vida . Justamente no interesarse por ellos te convierte en anodino, tibio, distante, fuera de todo compromiso.

Limitar el interés, preocupación o la autorización para opinar de algo a ser protagonista de un hecho acota cualquier interés intelectual, social o político.

Celebro la pasión como condimento de la existencia. Valoro a los seres apasionados. Recalco permanente que este impulso es un valor e invito -sobre todo a mis alumnos, mucho más jóvenes que yo- a que sean personas apasionadas, obsesivos en sus deseos, perseverantes en sus sueños.

No valoro la alienación que te ciega, te saca pensamiento crítico, te limita en cualquier acción racional.

No es lo mismo pasión que alienación.

Puedo apelar al diccionario y decir que por pasión se entiende la afición vehemente, la necesidad de hacer algo porque existe una fuerza interna que mueve al individuo a hacerlo, un deseo por concretarlo. Así entendido, la pasión es movilizadora, inquietante y concreta acciones de deseos y gustos .

La alienación está vinculada a la enajenación, la manipulación consciente o inconsciente hacia un hecho, un fenómeno, una creencia o un individuo.

Voy a ser más llano, el código de la radio así lo exige.

La pasión te impulsa, te moviliza a perseguir un sueño, a concretar un hecho, la alienación te ciega, te saca de los parámetros de lo humano.

Hechos vinculados con el misticismo o el deporte (fundamentalmente el fútbol) suelen analizarse desde la óptica de la alienación.. Un barra brava, un místico descontrolado suele decirse que está alienado, perdió el centro de lo humano, actúa sin razón, a veces de manera bestial, atentando contra su persona o contra otros.

La persona que pierde el rumbo, que deja de lado sus afectos, sus necesidades, que pierde la noción del tiempo, el espacio, el contorno por una creencia religiosa que puede hacerlo perder su estado racional, violentarse o hasta afectar su vida, decimos que es un alienado.

Aquél que pierde los estribos, puede violentarse o agredir a otro porque el color de su camiseta es distinta a otro, que  prioriza la simpatía por  su club a otras prioridades decimos que está alienado.

¿Por qué entonces una masa impresionante, que deja todo de lado, que prioriza un recital a la seguridad de su hijo, que se moviliza días y días,  para llegar a una “misa ricotera”, que antepone este hecho a cualquier otro, que puede agredirse o agredir, que pone en riesgo su vida o la de otro no es alienación y se trata de una pasión digna de ser respetada y aplaudida?

¿Por qué la misma persona que dice que el pogo más grande de mundo y el recital de rock más impresionante de estas tierras, que hace que miles y miles de personas dejen todo por ese momento, lo considera como un fenómeno digno, único, valedero, acusa como alienados mentales, masa de zombies, o manipulados sociales porque deciden caminar  kilómetros para adorar una deidad o una virgen?.

¿Por qué está bien caminar kilómetros, sufrir las inclemencias del tiempo, dejar todo por el Indio, pero resulta incomprensible si en abril otros lo hacen porque entre sus principios está honrar a la Virgen de Guadalupe o en agosto ir a pedirle trabajo o agradecerle a San Cayetano?

Me resulta curioso y difícil de entender que ante hechos similares aquellos mismos que defenestran la actitud, la defiendan si ellos la protagonizan.

La masa que sigue al Indio Solari genera actos que critica si lo hacen otros y –lo digo con respeto- viola principios razonables, humanitarios y derechos de terceros.

 

La alienación sigue siendo un mal a combatir, necesitamos una sociedad movilizada, apasionada, con principios pero que estas actitudes no afecten a los otros, a los que no comparten los mismos valores y que, fundamentalmente, no lesione la dignidad de las personas.