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Borges dijo alguna vez: “no nos une el amor sino el espanto”. La frase apelaba a  una historia de desencuentro y desamor de dos mortales,   pero suele usarse para explicar esa idiosincracia argentina de dividirnos.

Hoy esta realidad se ha profundizado y parafraseando al escritor de El Aleph podríamos decir no nos une el amor... tampoco el espanto.

La dictadura más feroz que hemos sufrido, las inundaciones, los ataques a la embajada de Israel o la Amia, la inseguridad… lejos de unirnos, nos divide y nos saca fuerzas.

Este primero de mayo quedó -una vez más- demostrado: solo en Buenos Aires se llevaron a cabo 5 actos. En uno de los momentos políticos donde la clase trabajadora sufre ajustes, despidos y represión el reclamo se divide y las voces y reclamos se hacen escuchar de manera fragmentada.

Una verdadera pena: no es solo un dicho que la unión hace a la fuerza, no es solo un tramo del Martín Fierro que si nos desunimos “nos devoran los de afuera”, es una realidad que parecemos no entender.

Y esto es seguramente lo que envalentó a algunos como al Momo Venegas que, traicionando toda la rica historia del peronismo,  no tuvo empacho alguno en decir que son la pata peronista de Cambiemos y  que las 62 organizaciones apoyan a uno de los gobiernos que más ha avanzado -y  que parece continuará- sobre los derechos de los trabajadores.

La desunión y la fragmentación también envalentonó al Presidente que en ese raro acto con mística peronista que olía a perfume importando, alertó que no se va a  “bancar a ninguno que lo quiera llevar por delante” y hasta llegó a anunciar proyectos que favorecen más a empresarios que a trabajadores.

Le recuerdo a un despistado oyente que lo hizo el primero de mayo en un acto de trabajadores sindicalizados.

Como si todo este panorama no alcanzara, citó a Perón mientras el Momo Venegas aplaudía como segundo títere en función.

La escenografía resultaba espantosa: un Presidente que dio y da claras muestras de haber tomado el camino que atenta contra los derechos de las mayorías y no respeta leyes laborales como la paritaria, junto al sindicalista denunciado en diversas causas por discriminación sindical y por no combatir el trabajo informal.

En esa terrible escenografía además de miembros del gabinete y funcionarios se encontraban la Ministra  de Seguridad, Patricia Bullrich, responsable de la represión de manifestantes y trabajadores y el de Modernización, Andrés Ibarra quién impulsó los despidos en el Estado.

Un cambalache político que bailaba al ritmo del nuevo hit musical: “sí se puede”.

Del discurso poco por decir, lo de siempre: una serie de frases que parecen sacadas de un libro de autoayuda y un diálogo con uno de los manifestantes que pareció ensayado.

Los otros actos que se llevaron a cabo en Buenos Aires fueron más reales: allí trabajadores manifestaron su protesta ante una política que no los tiene en cuenta. En la escuela itinerante instalada en el Congreso Nacional se encontraron las dos CTA que llamaron a la unidad sindical para enfrentar las políticas económicas del Gobierno y convocaron a una nueva marcha federal para el 20 de junio.  

Paritarias libres, la aclaración que los trabajadores no  piensan vivir arrodillados y promesa de lucha fueron la constante. Flotó en el aire la posibilidad cada vez mas cierta de llamar a un segundo paro general.

Dirigentes de las dos centrales de trabajadores argentinos (la de Yasky y la de Micheli) en un mismo lugar y coincidiendo en los reclamos fueron los  únicos gestos de un 1ro de mayo caracterizado por la desunión, por eso resultó importante y esperanzador el discurso de Yasky que insistió en la necesidad de unificar la acción con las otras centrales sindicales aunque queda claro que no hay punto de unión posible que los que protagonizaron el acto convocado por Gerónimo Momo Venegas.

En Plaza de Mayo otros actos protagonizados por partidos de izquierdas y movimientos sociales eran el espejo de esta triste fragmentación que se repitió en diferentes ciudades.

Esta unidad que se planteó en lo discursivo en la plaza del congreso –y otras también- resulta indispensable para estos tiempos donde algunos salen a festejar que se venden más autos de alta gama, sin detenerse que bajó el consumo de leche. Un dato que demuestra palpablemente como se han transferido los recursos de una clase social a otra.

Está demostrado que el deterioro del poder adquisitivo de los sectores más vulnerables y de jubilados sigue retrocediendo. Hoy estos sectores, con lo que perciben, compran menos que lo que compraban con sus ingresos hace un tiempo atrás.

No se trata de afirmaciones carentes de demostración, por el contrario es información pura, con datos concretos de diferentes grupos que estudian el mapa social, como lo hacen los investigadores del CIFRA (Centro de Investigación y Formación de la República Argentina)quienes publicaron esta semana  que la devaluación, la eliminación o reducción de los derechos de exportación, el incremento del precio de los servicios a partir de la creciente quita de los subsidios   y el freno a la actualización salarial forman un cóctel que genera caída en la participación de bienes y recursos de trabajadores y jubilados.

En criollo, se gana menos, hay menos trabajo, las cosas están más caras, cayó el consumo, algunos polos productivos cierran y se genera desocupación.

Como hace tiempo un plan económico no deja tan de lado a los sectores más vulnerables y a los trabajadores. Tenemos que viajar hasta la década del 90 y hasta la dictadura del 76 para encontrar una matriz tan despareja como la que se está gestando.

Aquél plan económico de la dictadura parece tener su continuidad por estos días y como en el mal llamado de proceso de reorganización nacional, el plan parece no cerrar sin represión.

Y con quita de la memoria.

Por eso el paso atrás dado en materia de derechos humanos, de respeto por el derecho y castigo a los culpables dado esta semana es tan peligroso como triste.

El fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que permite aplicar una conmutación de pena para asesinos que cometieron delitos de lesa humanidad no solo es un cachetazo a la política y a la memoria,  sino también al derecho ya que –entre otras cosas-  brinda un beneficio que fue derogado antes que los represores fueran detenidos.

El fallo  resulta ser una bisagra, marca un antes y un después y  dará luz verde para que otros detenidos lo soliciten.

En un momento que como sociedad estamos solicitando penas ejemplificadoras rigurosas y de cumplimiento efectivo  para  los que cometen delitos macabros contra mujeres, adolescentes, chiquitas, hechos de violencia de género, este fallo confiere laxitud a delitos espantosos gestados desde el terrorismo de Estado.

No debe estar en libertad el asesino de Araceli Fulles, no se le debe perdonar la pena, tampoco a Luis Muiña que no secuestró a una persona, sino a 22 y que todas están desaparecidas.

 

En derechos sociales estamos retrocediendo varios casilleros, en derechos humanos también, el diagnóstico totalmente comprobado debiera hacernos reflexionar como sociedad y fundamentalmente unirnos, al menos, si no nos une el amor, que al menos nos una el espanto.