EL DESAFIO DE VOTAR

Hubo un tiempo donde explicar que no se estaba con alguien, pero que eso tampoco significaba –directamente- adherir al contrario era mas sencillo.

Desde  siempre nuestra  política separó las simpatías o adhesiones en bandos: unitarios y federales, personalistas y antipersonalistas, azules y colorados, peronistas y gorilas… Las divisiones hacían que la persona adhiera a uno de los sectores, pero también refería a que uno podía no participar de esa fracción, y no necesariamente significaba que comulgaba con el opositor.

Existía la posibilidad de ser independiente o de pertenecer a una minoría (o no) que no adhería a la propuesta de alguno de los bandos. Esta situación hoy se complica. Pareciera que uno debe, necesariamente, comulgar con algún sector porque si no se enfila dentro de las huestes del opositor.

Posibilismo que le dicen.

En este contexto a muchos que nos interesa propiciar  la conciencia crítica se nos dificulta la práctica sufragista. ¿A quién votar en las “PASO” si tanto  nivel local, provincial como nacional candidatos , spot publicitarios, afiches y volantes solo plantean ellos o nosotros?

La polarización (quizás planteada con una crudeza  casi sin precedentes) nos ubica, a muchos, en una cornisa peligrosa que , pareciera, nos empuja a un precipicio impregnado de posibilismo.

Nos mienten y nos hablan del pasado o del presente, de la honestidad o la corrupción, de administrar bien o repartir mejor y nos dicen que todo junto no se puede.

Hace  más de 30 años que nos dicen  que no se puede. ¿Cuándo se va a poder? ¿Cuándo podremos elegir lo justo, lo que hace falta y no solo lo que, por ahora, es posible, dejando para   mañana el reclamo justo, pues se sabe que ese mañana no va a llegar?

Y entonces nos dicen que no seamos ansiosos, que  somos una democracia joven, y en parte tienen razón. Pero ya han pasado más de  treinta años. Es hora de volver a las fuentes, es momento de convertirnos en un pueblo con deseos por votar y con anhelos y sueños por concretar, y no esta comunidad cansada, agotada temáticamente que ha perdido  capacidad de análisis, y ya se sabe,  una comunidad sin capacidad de asombro o de análisis suele ser violada por quienes desean, desde siempre, imponer –no solo su manera de pensar y de vivir- sino también sus privilegios de sector que suelen ir en contramano de las necesidades de la mayoría.

Pero desde las pantallas nos vomitan solo nosotros o ellos, se enfrentan, se gritan, no proponen –a veces prometen- y muy pocas veces hablan d políticas, de proyectos.

Lo que resulta grave, al menos desde el análisis del pensamiento,  es que ni siquiera en los espacios propagandísticos, que son los lugares donde el político debiera mostrarse y convencer a que se los vote, ni siquiera en ellos, hay creatividad o propuestas.

Todo se resume, una vez más pero cada elección con mayor profundidad, a mostrar el candidato con la familia, con los amigos, saludando o dando besos a chicos que alzan, o saludando arriba de una camioneta, como si en vez de candidatos fueran reinas de comparsas.

Estas son elecciones legislativas y estaría bueno que los posibles diputados nos digan, por ejemplo, que harían en el congreso con temas claves tales como los recursos naturales, la economía, los derechos humanos o la seguridad entre otros temas, pero no, lo único que puede escucharse es  que hay que frenar o profundizar esto   pero nada dice de cómo

Estas son también elecciones de concejales y –de la misma manera que sucede con los precandidatos a diputados- algunos dicen que hay que votarlos para seguir en el rumbo de estos últimos años y mejorar la ciudad y otros plantean que ya es hora de un cambio. Sería preferible que nos digan cómo y que van hacer para que no existan dos ciudades, cuando llegará asfalto y agua potable a barrios enteros, que harán para tener un servicio de transporte público digno, que proponen para que todos puedan vivir dignamente en una ciudad que tiene con qué.

Se sabe que desde la teoría del discurso y desde la práctica política no decir nada, muchas veces es solo eso, no decir nada, y en otras significa decir mucho. El falso que el silencio no dice nada, como dicen el refrán popular  muchas  veces el que calla otorga.

La  izquierda si es una excepción,  se le podrá achacar muchas cosas: la falta de llegada a la gente, los discursos poco atractivos , pero nadie puede negarle coherencia y llenar de política, de contenido  sus propuestas. Si los votas o no estás seguro lo que dicen que harán y lo que dicen que no harán jamás

Una vez más muchos votarán contra otro y no a favor de alguien. Votaran personas y no proyectos. No pueden hacerlo porque proyectos no se presentaron.

No hay debates, solo discusiones televisas para ver quién grita más o –lo que es peor- quién es menos corrupto.  ¿Observaron que  en las mayorías de los debates de la televisión nacional dos candidatos se pelean para demostrar –no quién no cometió un acto ilícito- sino cuál de los dos fue más corrupto, más cínico, mas ladrón?

López tiró valijas llena de dinero a un convento, le dice uno al otro, quién le responde : Ustedes robaron con la obra pública cuando estuvieron como gobierno en la ciudad de Bs As, si –le dice el primero- pero De Vido tiene que estar preso y ustedes lo protegen, para que el otro, casi sin respirar le diga que el Presidente tiene cuentas Off Shore en Panamá. Ni lerdo ni perezoso, el primero le rebatirá que la ex presidenta se enriqueció con maniobras y negociados no santos con Lazaro Baez .

Luego pasaron por la muerte de Nisman , las escuchas ilegales, los hoteles del sur, el escándalo del correo, las maniobras de Ciccone y el aumento de tarifas de empresas cuyos titulares son ministros

Y sabes que es lo peor? Que parece que todo es cierto y que lo presentan descaradamente como si se tratara de un torneo y que muchos vemos y escuchamos mientras hacemos números  para ver cómo llegamos a fin de mes.

Y a pesar de todo , a una semana de las elecciones Primarias yo tengo y quiero decirte que votar sigue siendo  la mejor de las prácticas democráticas, que es preferible el peor de los demócratas al mejor de los tiranos y que nos quedan días para pensar bien que ciudad queremos, que país queremos y que no está bien que le regalemos esa enorme  decisión a los que no nos dicen nada pero nos roban mucho.

Como tantas otras veces, al menos en parte, la responsabilidad es nuestra.