(click en Leer Más para TEXTO y AUDIO COMPLETOS)

Este es el espacio que se elabora con tiempo. Este  es un rincón que nos ayuda a pensar y que se conoce como editorial, un formato del periodismo  que -se insiste- por su rigurosidad se comienza a pensar y a elaborar varios días antes de su salida al aire.

Si esto ocurre cuando la frecuencia de su emisión es semanal, imagínese cuanto más tiempo lleva pensarlo y escribirlo si el tiempo que nos separa desde nuestra última emisión es de dos meses.

(click en Leer Más para TEXTO y AUDIO COMPLETOS)

La de hoy un editorial  distinta, tocará más de un tema y se centrará en deseos que parten de una lectura de lo que nos pasa.

En muchas oportunidades, en este espacio del editorial y en nuestros rescates de la memoria,  hemos hablado  sobre hechos del pasado porque se cumplía un aniversario, pensamientos que plasmamos cuando conmemoramos números redondos. No tiene mucha lógica este empecinamiento  pero aún así  solemos hacerlo. Casi como si fuera una cuestión atávica, tribal que  nos hace suponer que, por ejemplo, un número redondo, exacto nos obliga a –entre otras cosas- mirar hacia atrás o a mirarnos a nosotros mismos.

Lo mismo nos suele suceder con los finales. El final de un ciclo, de una experiencia, de una labor, de un año nos ubica  -por lo general- frente a un balance obligatorio y hasta  nos acostumbra a desear felicidades. Muchos, incluso, llegamos a sostener y a anhelar que –ante un año difícil- éste se termine suponiendo (también mágica y tribalmente) que el inicio de un nuevo año alejará cuestiones negativas, y, además, nos traerá y deparará hechos positivos.

Este periodista (sobre todo a la hora de editorializar ) no escapa a este pensamiento mágico.

(click en Leer Más para TEXTO y AUDIO COMPLETOS)

La única verdad es la realidad.

La frase acuñada por Perón, hoy es un latiguillo imprescindible para demostrar que no siempre lo que se dice es un reflejo de lo que nos pasa.

Esta semana el espejo volvió a demostrar que los dichos optimistas y esperanzadores planteados por el gobierno nacional distan mucho de parecerse a lo que muchos argentinos están soportando.

Se puede decir en diferentes tribunas que ya hay mejoras, se puede responder ante el periodista de turno que estamos mejor, pero cuando los datos fríos, concretos y reales muestran su indiscreta presencia, no hay retórica que pueda con el golpe que da lo que es real.

(Sobre el Impuesto a las Ganancias)

(click en Leer Más para TEXTO y AUDIO COMPLETOS)

Una semana de derrotas para el gobierno nacional. La tropa ya no está disciplinada y salvo los actores directamente afiliados a Cambiemos, sus antiguos socios empiezan a dar portazos.

El miércoles, el proyecto del gobierno -que modificaba algo para no modificar nada en el injusto impuesto a las ganancias-  fue rechazado por todo el ahora llamado arco opositor, que presentó una propuesta alternativa y consensuada que fue la que finalmente se aprobó.

El Frente Renovador, el Frente para la Victoria y el Bloque Justicialista acordaron una serie de puntos y presentaron un sólo proyecto. Cambiemos pensaba en el divide y reinarás, que todos los partidos presentarían su propio proyecto y que así no conseguirían votos necesarios para competir con el proyecto oficial.

(click en Leer Más para TEXTO y AUDIO COMPLETOS)

La semana pasada, en este mismo espacio, nuestro editorial tenía un título: “De pragmáticos y cínicos”, y prometíamos una segunda parte que es la que comenzamos ahora.

Decíamos hace 7 días que una de las estrategias que parece tener el poder reside en negar todo, aún lo ya demostrado, aún lo imposible de negar.

Algo sencillo de concretar si se tiene en cuenta que el cúmulo de información es tanto, el universo de palabras resulta ser de tal magnitud que individuos pueden decir barbaridades, afirmar cuestiones inverosímiles o desconocer verdades universales que todo caerá en el olvido, será “tapado” por otra cuestión, por otro hecho o por otras palabras tan necias como las anteriores.

Así las cosas, vivimos en un momento que oscila entre el cinismo, la mentira despiadada y el pragmatismo salvaje.

Volvemos a definir estos dos conceptos que serán –nuevamente- la columna vertebral de nuestro editorial.