Una vez más en distintos  puntos del país la naturaleza nos está hablando: inundaciones en Santa Fe, Entre Ríos y otros lugares e incendios forestales en La Pampa es una escenografía que podemos  ignorar o, por el contrario, puede invitarnos a pensar que le están  haciendo a nuestro entorno.

 

Desde hace  tiempo  sufrimos lluvias en caudales que antes no sucedían, pasamos de calores agobiantes a tener que abrigarnos en cuestión de horas. En un mismo día   puede haber diferencias de hasta 20 grados y ya nos hemos acostumbrados a vivir en estado de alerta meteorológico.

Si somos poseedores de cierta conciencia  mágica o ingenua diremos que el tiempo está loco, si,  por el contrario intentamos buscarle explicación a los fenómenos, podríamos decir -sin ser especialistas en la temática- que algo sucede, que algo se ha producido para que la naturaleza se comporte de esta manera.

 

En La Pampa  rayos que se desplomaron con crueldad y lugares secos generaron un espectáculo dantesco.

 

Situaciones que hasta hace un tiempo eran excepcionales. Hoy parecen habituales.

 

Calor y frio agobiantes, vientos, abundante caída de agua, temporales, alud, son fenómenos que  forman parte de una escenografía que, incluso, se toma vidas.

 

En estos últimos días, la mano lastimada de la naturaleza cayó sobre diferentes zonas de nuestro país: rutas cortadas, evacuados y auto-evacuados, campos anegados pueblos enteros, como Ramona, convertidos ríos y arroyos.

 

Muchos hermanos están sufriendo. ¿De qué se trata? ¿De un ángel demoníaco que se empecinó en azotar a pobres mortales, son dioses del Olimpo que  se regodean con el sufrimiento, son castigos divinos?

 

Desde hace ya tiempo voces científicas hablan de un abuso en la intromisión  de la mano del hombre en la naturaleza. Conferencias, simposios, encuentros alertan sobre la emanación de gases como causante de un cambio climático que nos perjudica

 

Para que se tenga una idea,  si el ritmo actual de emisión de gases continúa, el calentamiento global para fin de este sigo será de  4 grados centígrados,  un nivel que los científicos consideran devastador.

 

Hoy si tomáramos  solo los Estados Unidos, China, y la Unión Europea, estas tres economías concentran más del 50 por ciento de estas emisiones a nivel mundial, y si bien en documentos y declaraciones, los  Estados Unidos se ha comprometido a reducir entre 26 y 28 por ciento sus emisiones para el año 2025  y  la Unión Europea a reducirlas en 40 por ciento para 2030  la realidad   dice que cada año emiten mas gases.

 

Los tiempos que se aproximan parecen serán iguales o peores: algunas declaraciones de Trump minimizando el impacto del cambio climático,  junto a  nombramientos  en su gabinete  que son responsables del descalabro natural no avecinan días auspiciosos.

 

Ya no hay lugar para aquellos que  todo lo justifican (aún la posible pérdida de nuestra única casa para habitar) en post del dios progreso o, lo que es peor aún, el dios dinero.

 

Pero las responsabilidades no solo hay que mirarlas afuera.

 

Más de 400 millones de litros de agrotóxicos se vierten, anualmente en nuestro país  en una franja donde residen solo 12 millones de habitantes, veneno que queda en el suelo, el agua y el aire,  se desmonta descaradamente  bosque nativo para extender la frontera agropecuaria.

 

Argentina es uno de los países con mayor deforestación en el mundo, para que se tenga una idea, nuestro país  tala 5 veces más árboles que el promedio de tala mundial.

 

Arboles añosos, hectáreas y hectáreas  de bosques nativos   desaparecen para convertirlos en llanura y allí cultivar, fundamentalmente, soja transgénca.

Para que se tenga dimensión del desastre ambiental que se está provocando, los últimos  cálculos relatan que, en nuestro país  se talan una relación de 36 canchas de fútbol por hora.

 

El monocultivo de la soga ha hecho que las napas de agua estén ya a nivel del suelo.

 

Un desastre que ya estamos pagando con  calores insoportables y con inundaciones cada vez más frecuentes, pues los árboles además de ser el pulmón de nuestra hábitat, de cumplir el rol de atenuar el calor, también generan poder de absorción a la tierra y, en ocasiones, trabajan como barrera ante alud o lluvias que suelen bajar de los cerros, sierras o las montañas.

 

 

Nada de esto les importa a algunos y talan de manera indiscriminada.

 

Es lo que está sucediendo en Salta, donde depredadores, con el visto bueno del gobierno  de esa provincia  que autoriza el desmonte de áreas protegidas ha desmontado en los últimos dos meses casi 6500 hectáreas que estaban amparadas por la Ley de Bosques. 

 

Lo que sucede en Córdoba donde quieren modificar leyes que  prohibían el desmonte en ciertas zonas.

 

Lo que pasa en distintos lugares del país  donde la tala es cosa de todos los días.

 

La destrucción es del hábitat pero también de  los lugares donde comunidades  indígenas y campesinas residen y trabajan y además viola una ley nacional, la llamada  Ley Nacional de Bosques”, sancionada en 2007, que establece que cada provincia debe hacer un Ordenamiento Territorial de sus Bosques Nativos con criterios ambientales, económicos y sociales, mediante el cual quede en claro qué áreas se pueden deforestar, en cuáles está prohibido  y dónde se puede hacer un aprovechamiento sustentable, es decir, cortar árboles, pero sin desmontar.

 

Está clarísimo que esta actitud que toman las empresas no podría llevarse a cabo sin la complicidad de  gobiernos provinciales y el nacional (el de hoy y el de ayer)  que lo permiten.

 

La combinación de gobiernos y empresas están violentando nuestro entorno,  pero las empresas tienen nombre y apellido, se trata de la empresa El Yuto, que pertenece a  la familia Macri,  o  Spinica SA, que tiene en su directorio a Alejandro Roggio,   “La Luz del Chaco”  “El Carmen” ,“La Peregrina” o “La Maravilla” entre tantas mas.

 

La explotación de minas a cielo abierto para extraer  la riqueza del subsuelo en manos de trasnacionales  utiliza  cianuro de manera desproporcionada, se desechan litros  de venenos y suciedades a ríos y lagunas: todo forma parte de un cóctel explosivo que funciona como búmeran castigando al mismo hombre.

 

Y mientras esto sucede, miramos para arriba y decimos: “que tiempo loco” o “el tiempo está loco” cuando en realidad somos nosotros los que lo hemos enloquecid.o

 

Es habitual que  ante olas de calor  o frío agobiante, ante lluvias que inundan barrios en pocas horas solemos protestar contra cierta esquizofrenia climática  sin sincerarnos que, en realidad, nuestra acción contra la naturaleza hace que suframos semejantes desavenencias climáticas.

 

Como alguna vez escribió Bertolt Brecht, quizás cuando se den cuenta que  lo único que  no tiene reemplazo sea nuestra propia existencia, sea demasiado tarde.

 

Una vieja y sabia frase, repetida por estos días reza: “Sólo hasta que se haya talado el último árbol, contaminado el último mar y muerto el último pez, el hombre entenderá que no se puede comer el dinero.”

 

Ojalá aprendamos.

 

 

 

Ojala no sea demasiado tarde