Por Ricardo Serruya
La frase «algo huele mal en Dinamarca» fue escrita por el dramaturgo William Shakespeare en su obra «Hamlet», elaborada entre 1599 y 1601.
En esta creación literaria el personaje Horacio pronuncia esta frase como una metáfora para sugerir actos de corrupción o de intrigas políticas que afectaban a este reino. La oración se popularizó y hoy se utiliza cuando se perciben irregularidades o acciones de dudosa moral.
Algo no es agradable al olfato ciudadano de algunos habitantes de la ciudad de Galvez.
Vivimos momentos donde bajo la falsa consigna de desarrollo se avanza sobre la naturaleza y se destruyen entornos indispensables para la vida. La extensión de la frontera agropecuaria y la tala de montes y bosques, para la explotación que lleva a cabo el agronegocio, la explotación contaminante y destuctiva del subsuelo para la extracción de la riqueza allí existente, la actividad de la plataforma submarina y el fraking contaminan aire, tierra y cursos de agua. Se destruyen y queman espacios verdes para concretar en esos entornos naturales emprendimientos inmobiliarios o para convertirlo en llanuras donde se produzca trigo o soja.
Se trata de una falsa concepción de desarrollo y modernidad que enferma territorios y los cuerpos que habitan esos territorios.
Intendentes, Presidentes comunales, concejales convierten nuestras ciudades en enormes moles de cemento donde el calor y las lluvias intensas –en época de cambio climático- agobian a quienes allí desarrollan sus vidas. Pulmones verdes, espacios de recreación se transforman en estructuras inmobiliarias. Un caso emblemático es la otrora plaza Alberdi de la ciudad de Santa Fe transformada en un espacio seco que multiplica el calor y no permite el escurrimiento de agua en días de intensas lluvias para albergar en su subsuelo cocheras.
Algo similar está sucediendo en la ciudad de Galvez.
Galvez se encuentra a 80 kms de la ciudad de Santa Fe, pertenece al Departamento San Jerónimo y, como en tantos lugares de la provincia, su actividad central es la agropecuaria y la industria metalmecánica.
ORDENANZAS Y ESPACIOS VERDES
En el año 2011, y por iniciativa de los vecinos, el concejo deliberante de esa ciudad aprueba la ordenanza Nro 3724 que declara espacio verde protegido al sector del vivero municipal existente.
La normativa remarca la importancia de la presencia y permanencia de “espacios verdes” a los que considera “sumamente beneficiosos para la salud de todos los habitantes, dado que constituyen un “pulmón” de la ciudad” y menciona la “importancia que posee el cuidado de las especies arbóreas y de las aves que allí habitan”
Los concejales, que por aquellos días aprobaban por unanimidad esta sugerencia de los habitantes, coincidían en que se trataba de una propuesta interesante ya que de esta manera se impedía que este espacio sea utilizado para otros fines. Además remarcaban que su preservación cumplía con la importante función de mantener oxigenado el ambiente y la de conservar especies arbóreas que conforman una barrera de protección de los vientos y constituyen espacios aptos para el tiempo libre y la recreación.
La ordenanza fue tratada el 27 de octubre de 2011 y resultaba ser un espejo de democracia pura y directa. El proyecto fue elaborado y presentado por los vecinos, discutido en el concejo deliberante y aprobada por una unanimidad.
BORRAR CON EL CODO LO QUE SE ESCRIBE CON LA MANO
Como suelen decir nuestras abuelas, tan conocedoras y amantes de los refranes populares, hace unos días “el diablo metió la cola” y hoy esta interesante y progresista ordenanza fue derogada por otra normativa.
Bajo el eufemismo de “avanzar en políticas ambientales acordes a las demandas actuales de nuestra ciudad” y cuando el año 2025 ya expiraba, los concejales aprobaron una ordenanza que asesina la anterior y da nacimiento a una que, paradójicamente, propone todo lo contrario.
Bajo el número 4931 el digesto municipal ahora propone realizar allí un emprendimiento inmobiliario y lo justifica bajo la explicación de que el vivero municipal será trasladado a otro sector de la ciudad para realizar diversas actividades ambientales y educativas.
Sin opinar sobre esta iniciativa y que, de concretarse, festejamos pues se trata –en teoría- de un espacio más completo al existente, lo que un grupo de vecinos no comprende es porque modificar el actual espacio verde.
La idea de la intendencia –y que cuenta con el aval de los concejales- es partir este lugar con la apertura de calles y, lo que más preocupa- ceder bajo la figura de una permuta, estos lotes a un privado, dueño de una importante inmobiliaria de Galvez, para realizar allí un emprendimiento inmobiliario modificando abruptamente los servicios que ese lugar brindaba.
Desde lo estratégico hay detalles que no cierran ya que el espacio verde que cede la Municipalidad está ubicada en un lugar residencial, posee todos los servicios y la tasación es alta, mientras que el lugar que ahora será de propiedad del estado galvense será de aproximadamente 5 hectáreas, no posee servicio alguno y, según le comentaron vecinos a este periodista. es inundable.
Esta última característica puede convertir, en el mejor de los casos, en dificultoso para instalar en ese lugar un vivero con actividades de educación ambiental para las escuelas y la comunidad en general , tal como hoy se llevan a cabo de manera parcial y que, en, en este nuevo espacio, pareciera no estar contemplados.
La preocupación e indignación de algunos vecinos es manifiesta y no comprenden porque un lugar ubicado en una zona estratégica de la ciudad que hasta hace un tiempo era un pulmón verde necesario e imprescindible hoy ya no lo es. Más allá de que se concrete todo lo informado en la nueva ordenanza sobre el nuevo vivero municipal que –se insiste por ahora es solo una intención- tampoco se comprende porque no pueden convivir ambos espacios.
Como suela pasar en estos casos la preocupación y el alerta de los vecinos se transformó en acción: se autodefinen como vecinos autoconvocados y, con representación legal, presentaron un amparo administrativo que, a la hora de la publicación de esta nota, se encontraba a punto de vencer sin haber sido respondido por la municipalidad. Según le informaron a este periodista el silencio de la intendencia, lejos de generarles resignación, los impulsa a continuar con su acción y presentar otro amparo, en este caso en sede judicial.
En un momento de crisis climática que azota nuestras vidas la premisa de las políticas urbanas no debiera ser restar sino multiplicar.