En estos días, una rara espuma apareció en cursos de agua. Junto a ello una mortandad de peces (una más) que vuelve a prender una luz roja aunque la inercia de las autoridades por descubrir lo que sucede asusta.
El investigador Rafael Lajmanovich acerca dos artículos donde en uno de ellos atribuye el hecho a una contaminación producida por el uso intensivo y sistemático de herbicidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes que son arrastrados luego de una intensa lluvia. También advierte que consumir peces de estos ríos puede ser peligroso para salud humana.
SE PRESUME INOCENTE, PAGINA WEB publica hoy estos dos artículos.
“Los peces muertos no son el inicio del problema. Son su evidencia.”
Por Rafael C. Lajmanovich. Investigador Principal CONICET – Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (UNL)
La reciente mortandad masiva de peces en el río Carcarañá, ocurrida inmediatamente después de intensas precipitaciones en la región, no constituye un evento aislado ni un fenómeno inexplicable. Es la manifestación visible de un proceso bien conocido en ecotoxicología: el Pulso Tóxico post-lluvia, un mecanismo mediante el cual contaminantes acumulados en el territorio son movilizados súbitamente hacia los sistemas acuáticos.
La cuenca media del rio Carcarañá drena una extensa llanura agrícola dominada por cultivos extensivos de soja, maíz y trigo, sostenidos por el uso intensivo y sistemático de herbicidas, insecticidas, fungicidas y fertilizantes. En este tramo, el río recibe el aporte directo y difuso de escorrentías provenientes de cientos de miles de hectáreas de producción intensiva, así como descargas de origen urbano y agroindustrial vinculadas a localidades como Cruz Alta, Arteaga, San José de la Esquina, Casilda y Carcarañá, entre otras. Esta región forma parte del núcleo central del sistema agroexportador argentino y se caracteriza por una alta densidad de canales de drenaje, caminos rurales y cursos tributarios menores que actúan como vectores de transporte de contaminantes hacia el cauce principal.
En términos espaciales, la cuenca media abarca aproximadamente entre 0,9 y 1,3 millones de hectáreas, y cumple un rol crítico como corredor de transferencia de agua, sedimentos, nutrientes y contaminantes desde las áreas agrícolas hacia los tramos inferiores del sistema. Como resultado, el río en este sector funciona como un verdadero integrador ambiental, donde convergen los aportes acumulados de toda la cuenca superior. En este contexto, las mortandades de peces observada en San José de la Esquina y Casilda no deben interpretarse como un fenómeno aislado o estrictamente local, sino como la manifestación visible de procesos que operan a escala de cuenca, incluyendo pulsos de contaminación difusa, aportes orgánicos y químicos asociados a escorrentías pluviales, y descargas provenientes del entramado urbano-industrial regional. No se trata de un fenómeno aleatorio, sino de la consecuencia directa del funcionamiento hidrológico de sistemas sometidos a presión ambiental y un mal manejo crónico.
La espuma: evidencia visible de alteración química
La presencia de espuma persistente observada en el río constituye una señal inequívoca de alteración ambiental. Estas formaciones se originan por la presencia de compuestos que modifican la tensión superficial del agua, incluyendo,entre otros, materia orgánica, detergentes, surfactantes provenientes de agroquímicos, efluentes industriales o cloacales, etc.
En condiciones naturales, estas espumas son escasas y transitorias. Su persistencia y extensión indican cambios en la composición química del agua y constituyen un indicador de ingreso reciente de contaminantes.
La falta de oxígeno: el mecanismo final, no la causa real
Desde el punto de vista fisiológico, la muerte masiva de los peces ocurre por hipoxia, es decir, por la disminución del oxígeno disuelto en el agua. Sin embargo, esta disminución no es un evento espontáneo. Es la consecuencia del ingreso masivo de materia orgánica y contaminantes, que estimulan la actividad bacteriana y consumen rápidamente el oxígeno disponible.
Explicar estos episodios únicamente como resultado de la falta de oxígeno implica describir el mecanismo final sin considerar el proceso que lo provoca. El Pulso Tóxico constituye la causa ambiental subyacente, mientras que la hipoxia es su consecuencia fisiológica.
Atribuir la mortandad únicamente a la falta de oxígeno es equivalente a lo que ocurre en muchas actas de defunción humanas, donde la causa consignada es “paro cardiorrespiratorio”. Esta afirmación es fisiológicamente correcta, pero no explica el origen real del problema. El paro cardiorrespiratorio es el mecanismo final de la muerte, pero la causa subyacente puede ser, por ejemplo, una intoxicación, una enfermedad producida por una exposición ambiental crónica, etc.
Investigaciones realizadas en cuencas productivas similares de la provincia de Santa Fe en el rio Salado, han demostrado que estos pulsos transportan mezclas complejas de plaguicidas capaces de provocar mortalidad, daño genético y alteraciones fisiológicas en organismos acuáticos. En peces del río Salado se detectaron residuos múltiples de plaguicidas en tejidos, alguna de ellas, por ejemplo, de glifosato, como las más altas reportadas en el mundo, confirmando que estos sistemas funcionan como receptores e integradores de contaminantes derivados de la actividad agroindustrial.
La mortandad revela un proceso que ya estaba ocurriendo
Los peces muertos representan la manifestación más evidente de una alteración ambiental. Pero los peces que sobreviven también pueden haber estado expuestos a contaminantes e incorporarlos en sus tejidos mediante procesos de bioacumulación. Esto implica que el impacto del Pulso Tóxico no termina cuando desaparecen los signos visibles de mortalidad.
No hay aún análisis publicados del Carcarañá. Pero esperar a tenerlos no es una estrategia preventiva. Es una estrategia tardía. Esta afirmación refleja una realidad fundamental de la gestión ambiental: los análisis permiten confirmar el problema, pero no previenen la exposición inicial. Cuando los resultados están disponibles, el proceso ya ocurrió. Estos contaminantes pueden persistir en los tejidos mediante procesos de bioacumulación y representar un riesgo potencial para la salud. En estudios realizados en sistemas fluviales comparables como la cuenca baja del rio Salado en Santa Fe, los análisis de los índices de riesgo alimentario muestran que el consumo de estos peces contaminados podía superar los umbrales considerados seguros, particularmente en poblaciones ribereñas que dependen del pescado como parte frecuente de su dieta.
El río no genera el problema. Lo revela.
La lluvia no mata peces por sí sola. Actúa como el detonante que moviliza contaminantes previamente acumulados en suelos, sedimentos y redes de drenaje. El Pulso Tóxico constituye el mecanismo que conecta el territorio con el río, y explica por qué estos eventos ocurren en forma súbita, especialmente después de precipitaciones intensas.
Comprender este proceso es fundamental para interpretar correctamente lo ocurrido. No se trata de un evento natural inevitable ni de una anomalía aislada, sino de una consecuencia previsible del funcionamiento de sistemas sometidos a presión ambiental sostenida. La lluvia no es la causa del problema, sino el factor que lo vuelve evidente. Por ello, estos episodios deben ser entendidos no como hechos excepcionales, sino como señales claras del estado ambiental de la cuenca y de las condiciones que continúan operando en el territorio.
Por qué los análisis tardíos no explican el origen del fenómeno
Los análisis puntuales de agua y de peces muertos o moribundos, realizados en estos casos inevitablemente días después del evento, tienen un valor explicativo limitado para comprender un fenómeno ambiental de esta complejidad. Los Pulsos Tóxicos asociados a lluvias intensas son procesos transitorios, en los que las concentraciones más elevadas de contaminantes pueden ocurrir durante pocas horas y luego diluirse o transformarse rápidamente, dejando escasa evidencia detectable en muestreos tardíos. Por ello, estos análisis pueden confirmar que hubo exposición, pero difícilmente permiten explicar el proceso que la provocó. De todos modos, en este contexto, resulta imprescindible la publicación completa y transparente de los datos, incluyendo las metodologías empleadas, los límites de detección, el listado de analitos evaluados, los tiempos de muestreo y los resultados obtenidos. Esto no constituye un detalle técnico menor, sino una condición esencial para garantizar una evaluación científica independiente y el derecho de acceso a la información ambiental consagrado en el Acuerdo de Escazú, permitiendo comprender con rigor qué ocurrió realmente en el sistema.
El verdadero desafío no es únicamente explicar por qué ocurrió este episodio, sino reconocer por qué las condiciones que lo hacen posible siguen existiendo.Referencias
Cuzziol Boccioni AP, Lajmanovich RC, Attademo AM, Lener G, Lien-Medrano CR, Simoniello MF, Repetti MR, Peltzer PM. 2024. Toxicity of pesticide cocktails in amphibian larvae: understanding the impact of agricultural activity on aquatic ecosystems in the Salado River basin, Argentina. Drug and Chemical Toxicology 15:1-19.https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/01480545.2024.2412023
Lajmanovich, R. C., Peltzer, P. M., Attademo, A. M., et al. (2021). Informe para la Procuración General de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe sobre la mortandad de peces en el río Salado. Universidad Nacional del Litoral – CONICET. https://agenciatierraviva.com.ar/wp-content/uploads/2021/01/Informe-Procuracion-UNL-mortandad-peces-enero-2020.pdf
Lajmanovich RC, Repetti MR, Cuzziol Boccioni AP, Michlig MP, Demonte L, Attademo AM, Peltzer PM. 2023. Cocktails of pesticide residues in Prochilodus lineatus fish of the Salado River (South America): First record of high concentrations of polar herbicides. Science of the Total Environment 3;870:162019. https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0048969723006344
Peces contaminados: un riesgo invisible que también llega a la mesa
“No hay aún análisis publicados del Carcarañá. Pero esperar a tenerlos no es una estrategia preventiva. Es una estrategia tardía.”
La reciente mortandad de peces en el río Carcarañá no solo constituye una señal de alarma ambiental. También plantea una pregunta que impacta directamente en la salud pública: ¿es seguro consumir peces provenientes de un río que acaba de sufrir un episodio de contaminación aguda?
Actualmente, no existen estudios publicados específicos que hayan evaluado la presencia de plaguicidas en tejidos de peces del río Carcarañá. Sin embargo, desde el punto de vista científico, es posible realizar inferencias basadas en las características del sistema que lo rodea.
El río Carcarañá atraviesa una de las regiones agrícolas más intensivas de la Argentina, dominada por cultivos extensivos de soja, maíz y trigo, con uso sostenido de herbicidas, insecticidas y fertilizantes. Este contexto productivo es estructuralmente similar al de la cuenca del río Salado, en Santa Fe, donde se detectaron residuos de múltiples plaguicidas en el músculo y viseras de peces destinados al consumo humano, incluyendo compuestos clasificados como posibles o probables carcinógenos.
Estos hallazgos no fueron aislados. El análisis del índice de riesgo alimentario mostró que el consumo de estos peces representaba un riesgo potencial, particularmente en poblaciones ribereñas que dependen de este recurso como fuente diaria de alimento. —en particular pescadores artesanales y comunidades ribereñas que consumen pescado con mayor frecuencia— presentan un riesgo significativamente más elevado de exposición a estos contaminantes, superando los umbrales considerados seguros para la salud humana.
La similitud en el modelo productivo, el uso del suelo y las fuentes de presión ambiental permite afirmar que el río Carcarañá está expuesto a los mismos tipos de contaminantes. En consecuencia, es científicamente razonable considerar que sus peces también pueden estar expuestos de forma crónica a plaguicidas y otros contaminantes derivados de la actividad agroindustrial.
La mortandad reciente no crea este problema. Lo revela.
Cuando ocurre un evento de este tipo, los peces muertos representan la manifestación visible de una alteración ambiental. Pero los peces que sobreviven también pueden haber incorporado contaminantes en sus tejidos mediante procesos de bioacumulación.
Esto implica que el riesgo potencial no desaparece cuando cesa la mortandad.
Puede persistir en forma invisible.
Es importante entender que la apariencia externa del pez no permite determinar si es seguro para el consumo. Un pez puede parecer normal y contener residuos químicos. La cocción no elimina plaguicidas ni metales pesados.
Por esta razón, desde una perspectiva preventiva, es prudente evitar el consumo de peces provenientes de sectores del río afectados por eventos recientes de mortandad, al menos hasta que se realicen análisis específicos que permitan evaluar su seguridad.
Este no es un planteo especulativo, sino una conclusión basada en décadas de investigación en sistemas fluviales de la región.
Los ríos no generan contaminantes. Los integran.
Y los peces, como parte de ese sistema, pueden convertirse en indicadores —y también en vectores— de exposición ambiental.
La protección de la salud humana comienza por reconocer esta conexión.
Porque cuando un río se contamina, el problema no termina en el agua.
Puede continuar en la cadena alimentaria.
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Referencia: Cuzziol Boccioni, A. P., Lajmanovich, R. C., Repetti, M. R., Attademo, A. M., &Peltzer, P. M. (2025). Contaminación por plaguicidas en sábalos (Prochilodus lineatus) del río Salado: Riesgo alimentario para poblaciones vulnerables del litoral argentino. RevistaTecnología y Ciencia, 23(54), 65–79. https://doi.org/10.33414/rtyc.54.65-79.2025