Por Ricardo Serruya.
Desde hace un tiempo se habla de lo que afecta, tanto para el entorno como para la salud humana, la presencia de plásticos en nuestras vidas.
No se trata de una exageración. Nuestro entorno está repleto de utensilios que se fabrican con plástico. Solo en el 2025 el mundo produjo 268 millones de toneladas de residuos plásticos y de esa inmensa cantidad solo el 14% fue reciclado, el resto terminó siendo quemado (con lo contaminante que esta práctica significa) o en vertederos, rellenos y cursos de agua donde estarán centenares de años contaminando.
Está claro que hay una desproporción gigantesca entre la fabricación del plástico y la logística necesaria para procesar cuando este se convierte en residuo. Un drama de nuestra época y más aún si se tiene en cuenta que casi la mitad de los elementos que se fabrican con plástico son de un solo uso: en el mismo momento que se abre, se desecha.
No solo se encuentran estas pequeñas partículas en la lluvia, cursos de agua, la atmósfera, la ropa o los alimentos, su presencia se traslada hacia nuestros cuerpos afectando nuestra salud.
LLUEVE PLÁSTICO
Hace un tiempo las investigaciones del Dr Damián Marino, investigador de la Universidad Nacional de La Plata, demostraban que, por el proceso de evaporación, las gotas de lluvias transportaban glifosato. En el año 2025 otros estudios revelaron que partículas de plástico también se desplazaban con el agua de la lluvia, lo que evidenciaba que estas partículas pueden viajar largas distancias. Glifosato y plástico caen desde el cielo.
El trabajo dio pie para evaluar en que otros entornos se puede encontrar plástico, y la evidencia demostró que fibras de este material en niveles muy altos en el aire, lo que por lógica, termina también en nuestros cuerpos al respirar.
El hecho evidencia que convivios permanentemente con minúsculas partículas que ingresan diariamente a nuestros cuerpos sea por respirar, comer o exponernos a la lluvia, pero también demuestra que afecta a otros seres vivos.
Las abejas, motor esencial para la existencia, pues sin polinización no existe diversidad ni vida, poseen en su organismo partículas plásticas e inclusive se han encontrado en las colmenas. Este hecho hace que se les dificulte su digestión, el comportamiento y hasta la comunicación entre ellas.
No se trata de un dato anecdótico o romántico ya que la existencia de microplásticos en los organismos de estos seres hace que la transporten entre flores creando así una ruta de exposición continua que no solo afecta su salud sino también la de ecosistemas enteros y pone en peligro la soberanía y seguridad alimentaria.
EN NOSOTROS TAMBIEN
A pesar de considerarnos superiores y exentos de los avatares que producimos en nuestro contexto, nuestros cuerpos –y por ende nuestra salud- también está en peligro.
Las investigaciones científicas dadas a conocer hace muy poco tiempo, indican que microplásticos se han acumulado en huesos, médula y tejidos cerebrales, lo que, según se explica, evidencia una exposición transversal y continua que podrían generar enfermedades.
Uno de los descubrimientos que en este último tiempo se concretaron fue el de la detección de microplásticos en fluidos reproductivos humanos. En semen y también en líquido folicular se encontraron presencia de partículas de poliestireno y PVC.
Pero no es la única evidencia. Como se viene alertando desde hace ya tiempo estas diminutas presencias se encuentran en alimentos básicos como pescados, leche, sal, verdura y queso. En este caso las concentraciones superaron los miles de partículas por kilogramo de producto, por lo que también terminan en nuestros cuerpos.
TAMBIEN EN CURSOS DE AGUA
Ya hace varios años que se viene alertando sobre la existencia de plástico en distintos cursos de agua: arroyos, lagunas, ríos, mares y hasta el océano son lugares donde se albergan estas minúsculas partículas. Últimas investigaciones hallaron fibras plásticas a más de 5000 metros bajo el agua en el Océano Índico, lo que demuestra que ya puede llegar a lugares impensados.
No solo se trata de contaminación acuática sino también de la vida que allí se desarrolla, pues se encontraron estos residuos en delfines y en los tejidos fetales y placentas de otros mamíferos marinos y terrestres afectando no solo su salud sino también su capacidad reproductiva.
Más allá de que se viene investigando –y alertando- desde hace ya mucho tiempo, estas últimas investigaciones revelan que la presencia de microplásticos están en nuestra cotidianeidad, no se trata de un hecho aislado sino que atraviesa la salud de los ecosistemas y la nuestra.
Como en otros casos el hecho necesita respuestas inmediatas que van desde disminuir drásticamente el uso de este componente para la fabricación de utensilios y empaques hasta la de impulsar políticas productivas sostenibles y de consumo responsable .