Radio En Vivo

Por Ricardo Serruya.

Es posible que usted esté tan cansado como yo de la temática cuarentena. Aislamiento si aislamiento no. Es un atentado contra la libertad, nos están cuidando, nos persiguen…

Usted debe tener cierta cuota de hartazgo de escuchar en los medios hablar de esto y le aseguro que muchos periodistas debatimos cada semana si abordamos –una vez más- este tópico. A su vez son tantas las cosas que se dicen, tan variadas las acciones que se llevan a cabo, tan ilógicas algunas reflexiones y decires que nos obligan a volver a instalarnos en el tema.

La irresponsable marcha del lunes y lo que, nuevamente, presenciamos y escuchamos nos vuelve a instalar en la temática, a tal punto que hoy vamos a dedicarle un bloque entero de nuestro programa a pensar sobre algo de lo ocurrido.

Aún así se hace inevitable no editorializar sobre lo ocurrido.

El lunes, incentivado –aunque lo nieguen- por parte de la oposición y a través del nuevo escenario político que son las redes sociales, se convocó a una marcha que no podemos titular. Y no podemos porque sería incompleto decir que fue una movilización anti cuarentena, porque si bien ese fue uno de los ejes convocantes, no fue el único. También se movilizaron los que se oponen a cualquier medida del gobierno: en la calle se juntaron los que no les gusta el acuerdo con los bonistas,  los que dicen que Cristina es chorra, los que dicen que esto es comunismo, los que no quieren vacuna, los que dicen que Cristina no habla,  los que dicen que quieren trabajar, los que quieren a Cristina presa, los que no quieren usar barbijos, los que hablan de una conspiración mundial para someternos,  los terraplanistas, los que dicen que Cristina habla mucho, los que se oponen a la  reforma de la justicia…en fin un coctel tan disperso como peligroso.

En el medio de todo este cambalache, San Martín, desde algún lugar sufría que se lo invoque tanto para  consignas que, seguramente, no adscribiría.

Inmersos en este berenjenal se pudo escuchar frases robadas. Una señora arengó que el pueblo unido jamás será vencido y los que ya pasamos los 50 se nos cayó un lagrimón. Resulta imposible no asociarla con el coro de los temas musicales de Quilapayún,  no recordar que esa frase la coreábamos en las calles que nos veía caminar en  los 70 y en los 80 y nos pertenecía, que la pintábamos en carteles y en las calles, que era consigna política de un grupo de jóvenes que están en las antípodas de quienes marcharon y la usaron el lunes.

El lunes se volvieron apropiar de San Martín, de la patria y de la unidad del pueblo. El lunes, además privatizaron esa entelequia que resulta ser, en estos tiempos, la palabra “gente  “la gente” sale a la calle, dicen,  porque está harta, porque está cansada, “la gente” que sale a la calle a defender las instituciones, somos “la gente”, aclaran,  que quiere trabaja”. Después están los otros, estamos los otros que, siguiendo este razonamiento, somos  los que  no nos preocupan las instituciones, ni el trabajo, ni los otros.

O, no somos gente.

Para  esta visión está la gente y la que no puede ser considerada así, la gente de bien, dirían, y los otros, los planeros, los chorros, los cómplices, los idiotas útiles.  

Lo cierto es que esa gente que en estos tiempos se moviliza y dice que lo hace –entre otras cosas- para defender a la república difícilmente sea la misma que salió a  la calle cuando la república era asediada por los cara pintadas o por políticas que desvalijaron lo republicano. Se oponen a una reforma de la justicia que no saben que  plantea y que, paradójicamente,  no quieren que se discuta republicanamente en el congreso.

Salen y gritan. Gritan desaforada pero republicanamente.

Pero salen además imprudentemente. No se cuidan y no cuidan a los demás. Como lo hizo Dionisio Scarpin, intendente de Avellaneda, donde se lo ve en la marcha, con el barbijo colgando, sin tapar ni la nariz ni la boca, muy cerca de otra gente –incluso hay una fotografía en lo que se lo puede ver hablando animadamente y muy cerca de una señora mayor-. El martes el mismo Scarpin anunciaba que se había infectado. ¿A cuántos habrá contagiado?.

Más cuidadoso fue Luis Brandoni, que convocó pero se hizo un corralito (nunca mejor usada la palabra) con los tradicionales “flota flota” que se usan en las piletas de natación para mantener la distancia. Igual de precavida fue Patricia Bulrich que lo hizo en auto aunque se tentó ante la presencia de algunas cámaras de televisión,  y bajó por unos minutos, aunque no tocó ni saludó a nadie. Alrededor centenares o miles de ciudadanos no eran tan cuidadosos ni precavidos.

Mientras todo esto sucedía en diferentes calles y plazas de diversas ciudades del  país –también en Santa Fe-  teníamos, a la misma hora y a pocas cuadras de donde se gritaba  muy fuerte, había otra escenografía: ciudadanos que forman parte de los trabajadores esenciales, arriesgando su salud, dando una clase de empatía y solidaridad . Son los médicos y enfermeras, sí, pero también son los choferes del transporte del servicio público, los basureros, los farmacéuticos, y tantos pero tantos otros que no forman parte de la foto porque no gritan, por el contrario trabajan amorosa  silenciosamente, no insultan ni agreden. Forman parte de ese hormiguero de, como escribió alguna vez, Hamlet Lima Quintana, gente necesaria.

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