Radio En Vivo

Por Ricardo Serruya

¿Qué semanita no?
Por donde empezamos?. Por la decisión del Presidente Fernandez de expropiar
Vicentin, por la nueva modalidad de distanciamiento en vez de asilamiento en
Santa Fe, por la renuncia del ministro de salud de la Provincia, Carlos Parola, y de la
directora de epidemiología, Carolina Cudós, por la trama de espionaje que se
ventiló que el Macrismo hiciera con propios y extraños, por la ley de alquileres
aprobada en el Senado Nacional sin participación de la oposición? o por –una vez
más- el rol tristísimo que algunos periodistas y medios nacionales cumplen hoy en
día con cada uno de estos temas enumerados ?
Parece mentira que teniendo un programa semanal, a la hora de concretar un
comentario o una apertura se deba elegir tema para desarrollar (tarea difícil ya que
todos ameritan un espacio periodístico). Las características políticas y sociales de
este país hacen que tengamos diversos y numerosos temas que, en cualquier otro
lado, serían tapa de diarios. Como decimos sarcásticamente Argentina es un “país
generoso”, al menos a la hora de ofrecerte temas para hablar, debatir y pensar.
Por una cuestión de peso, de coyuntura y de ubicación geográfica, la decisión sobre
“de que hablar” en el inicio de nuestro programa cae sobre la decisión por
intervenir, primero y luego –si el Congreso lo aprueba- expropiar la planta Vicentin.
En los pasillos de la casa gris se dice que fue el mismo Perotti quién alertó al
Presidente sobre lo riesgoso que significaría para la economía provincial que la
cerealera decrete quiebra. Por otro lado, en el norte santafesino se dice que los
mismos empresarios le propusieron un pacto a Alberto Fernandez para que el
Estado Nacional se haga cargo de la empresa, pero no los investigue. La decisión
del Ejecutivo Nacional habría sido, intervengo, si puedo expropio y que la justicia
investigue.
Durante la semana la usina periodística y política (aunque quizás no haya que
diferenciar porque en contadas ocasiones son lo mismo) salieron al ataque de la
medida: que no es constitucional -aunque el art. 17 de nuestra constitución lo
permite- una vez más (ya cansan chicos) que vamos camino a Venezuela: nunca
Venezuela quedó tan lejos de Argentina, hace casi 10 años que vamos en esa
dirección y nunca llegamos, que el estado se quiere quedar con todo, que es una

maniobra de Cristina y la Cámpora (también cansan con eso) y la ridícula
categorización que este es un régimen comunista.
Estos desaforados lingüísticos critican una medida gubernamental desde la
consecuencia, nunca hablaron de la causa. Es como si Vicentin fuera intervenida
por un capricho y no hubiera razones: nunca hablan de la deuda concursal que
supera los 1300 millones de dólares, de los préstamos dados ilegalmente, de cómo
fugaron la plata. En este caso –como en tantos otros- pareciera haber un solo
actor: el gobierno, y se sabe cuando hay un conflicto hay, por lo menos, dos
protagonistas. La estrategia de nombrar solo uno es tan anti periodística como
mentirosa.
Tampoco dicen nada sobre como hizo una empresa que llegó a ser de las que más
facturaban en un mercado próspero para terminar fundida.
La gran exportadora, con una de las mayores facturaciones del país, cayó en
cesación de pagos, lo hizo después de percibir dinero de varios bancos oficiales ( o
sea guita nuestra) le ocurrió por entrar en la especulación y la bicicleta financiera
y por manejos que investiga la justicia, algo que a la hora de analizar no aparece en
la boca de políticos y periodistas. Y no es un dato menor.
Como tampoco resulta ser un dato menor que varias multinacionales como la
francesa Dreyfus, la suiza Glencore o la norteamericana Cargill ya habían posado
sus ojos en la cerealera para comprarla por dos pesos y luego girar las divisas de su
facturación a sus casas matrices dejando casi sin maniobra a los bancos,
fundamentalmente al Banco Nación principal acreedor de la empresa norteña, con
posibilidades de cobrar, y condenando a la muerte a los productores asociados.
Por eso resulta tramposa la propuesta del ceo de la empresa Sergio Nardelli en
cuanto a que están de acuerdo solo que sea adquirida por capitales extranjeros
La intervención y posible expropiación –lo decidirá el Congreso- apunta a
preservar la fuente de trabajo de alrededor de 6000 laburante, conservar
presencia en un mercado estratégico y nada tiene que ver con los modelos
comunistas o Chavistas. Lo que acá se plantea –y se puede o no estar de acuerdo-
es una indemnización y se interviene una empresa quebrada, no una próspera.
Por esta razón resulta obvio el rechazo del empresariado chacarero aunque
silencien que productores y cooperativistas se esperanzan con poder cobrar lo que
le deben y que para muchos de ellos resulta la diferencia entre seguir o quebrar.

Que pasará en el futuro?, no lo sabemos pero lo cierto es que los gritos de
desacuerdo son ideológicos y no concretos, los indignados y –una vez más-
caceroleros, lo hacen sin criterios razonables. Puede discutirse, y está bien que así
se haga, si la expropiación es ilegal, y para eso está el Congreso, para que debata si
la medida está dentro de los marces jurídicos. La propuesta enviada al congreso
puede ser rechazada o eventualmente, sometida a control de constitucionalidad
en los tribunales, sobre todo si se tiene en cuenta que la normativa que se
menciona es la ley 21.499, dictada en plena dictadura en el año 1977. Tan criticable
como que en 37 años nadie la haya derogado.
Pero resulta falaz que el Estado Argentino no pueda expropiar un bien: lo legislaron
los constitucionalistas liberales de 1853 en los artículos 14 y 17 y fue modernizado
en la última reforma constitucional, en 1994, en su artículo 75 inciso 19
La palabra ahora la tiene el Congreso quién deberá juzgar y determinar la utilidad
pública y la previa indemnización correspondiente o el rechazo del proyecto
enviado por el Poder Ejecutivo.
Como se ve las prácticas planteadas son mucho más republicanas de aquellos que
así se autodenominan.
Una vez más lo que está en debate es el rol del estado ¿Para que existe un estado,
cuál es su rol regulador? Y una vez más lo que nos separa con algunos es la
concepción de capitalismo: más allá de que uno no cree en un capitalismo
humanizante porque resulta una contradicción–como al mismo Presidente le
encanta mencionar- lo que está clarísimo que lo que no se puede aceptar es las
causas mismas del capitalismo cruel que excluye, sociabiliza siempre sus pérdidas,
privatiza sus ganancias, genera desempleo y precariza condiciones de vida.

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