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Por Rodrigo Chavez Lagraba

Deisy acudió una mañana de 2011 a la Dirección General de Pasaportes de la ciudad de Santo Domingo. Los motivos que la obligaban a realizar el trámite eran auspiciosos, tenía que viajar a Cuba a recibir un premio literario otorgado por el Ministerio de Cultura de ese país. Pero lo que debía ser un trámite sencillo, terminó siendo el inicio de un tortuoso camino.

El empleado administrativo leyó los documentos y, en vez de entregarle su pasaporte, le comunicó que debía girar su expediente al departamento legal ¿Cuál era el motivo? Su apellido, Toussaint.

Deisy es portadora de un apellido para nada convencional, el mismo que comparte con el líder de la revolución del país vecino: Toussaint L’ouberture, líder de los esclavos que triunfaron frente al imperio francés, inglés y español.

Pero la joven no puede entender cuál es el problema que impide que le sea otorgado su pasaporte. En el resto de las oficinas reafirman lo que se le había declarado en un primer momento como una obviedad: su apellido es afrancesado.

Deisy Toussaint nació y vive en República Dominicana. Es hija de Ramón de Jesús, un dominicano que decidió no anotarla en el registro civil al especular que, por nacer prematura de cinco meses, no sobreviviría. La obstinación de su madre, Ana Rose Toussaint, fue la que le otorgó la posibilidad de que ella lleve un apellido. El mismo apellido “afrancesado” que ahora le causaba tantos problemas.

República Dominicana  limita con otro país independiente, Haití, el que nació de la rebeldía de esclavos africanos que Toussaint L’oubertur lideró. Estos dos países comparten La Española, la isla caribeña ocupada por Colón en el año 1492 que luego se repartirían españoles y fanceses.

Los ridículos argumentos que fueron expresados a Deisy Toussaint el día que fue a obtener su pasaporte se siguen escuchando hasta hoy en su país. Para el Estado dominicano, alguien con un apellido sospechosamente haitiano y de tez morena, jamás puede ser connacional.

Tal decisión institucional, generó que miles de personas se encuentren en situaciones como las de Deisy. Incluso más penosas todavía. Muchas otras a las que se las desposeyó de su nacionalidad se ven privadas de acceder a derechos básicos como educación, atención médica, empleo, libertad de movimiento y de elegir a sus gobernantes.

Esas historias se entrelazan con las de Deisy en el documental “Hasta la Raíz” (2017), de Juan Carlos Gonzales Díaz, quien recientemente decidió publicar íntegramente el material en YouTube. En el mismo, se muestra la organización y la lucha de la comunidad de dominicanos con ascendencia haitiana, personas que no se conocían antes de que sus derechos más básicos fueran negados. Una realidad que persiste para muchos de ellos hasta el día de hoy y que enfrenta una doble vía de combate, la social y la legal.

Sin embargo, antes de desmenuzar los recovecos legales que llevaron a generar una población apátrida en al país caribeño, es necesario rastrear las raíces que alimentan el sentimiento antihaitiano en República Dominicana.

La isla La Española, en el mar caribe, es compartida por la ex colonia francesa Haití y la ex colonia española, República Dominicana.

La memoria de Trujillo

“El racismo hacia los haitianos es histórico. Viene desde la dictadura, cuando se estableció la línea fronteriza con una masacre”, nos dice Deisy desde su país natal al ser consultada sobre este tema.

Los policías dominicanos recorrían las calles interceptando a los afroamericanos en el mes de octubre de 1937. Por aquel momento, el país estaba siendo conducido por una dictadura encabezada por Rafael Leónidas Trujillo, quien había dispuesto la eliminación de los haitianos que residieran en territorio dominicano.

Para poder detectar a sus objetivos, los policías de Trujillo pedían a los interrogados que dijeran la palabra “perejil”. Todos aquellos que la pronunciaran con un sonido similar al creóle (lengua haitiana),  con la pronunciación de la letra “r” gutural, serían ejecutados. “La masacre de perejil” sienta un doloroso precedente, todavía difícil de mensurar en vidas humanas. “Se mataron a miles de haitianos, incluidos dominicanos que fueron confundidos por el color de la piel”, nos señala

Junto con esta medida, el régimen de Trujillo desplegó una fuerte campaña tendiente a despertar un nacionalismo de base racial, blanco y católico, en el que todo lo que tuviera que ver con la raza negra era rechazado de plano y estigmatizado. El proyecto del trujillismo fue “blanquear” el país y tomar el control de la frontera, permitiendo el ingreso de haitianos sólo para realizar el trabajo en los ingenios azucareros.

Si bien los orígenes del conflicto pueden rastrearse desde la etapa colonial, la era de Trujillo representa una profundización del sentimiento antihaitiano. Es que, junto con el despliegue represivo, se organizó una legislación que respaldó el accionar de permisividad selectiva, en las que sólo podían ingresar al país los trabajadores temporales necesarios para la zafra de caña de azúcar. Estos inmigrantes haitianos serían considerados legalmente como personas “en tránsito”.

El informe que emite el Director General de Estadísticas dominicano  en el año 1937, Vicente Toledino, devela la postura del régimen. “La cuestión de la mejoración racial de nuestra población por cruce o por establecimiento de blancos, es asunto que urge emprender- dice el informe-. De no enfrentarse a ese problema el país acabará siendo, en el mejor de los casos, mulato”. De esta forma, se buscaba poblar la frontera con inmigración blanca, pero se seguían aceitando los engranajes que establecían el fiel matrimonio entre racismo y capitalismo, el mismo que construye las jerarquías y el derecho a tener trabajos dignos sólo a los que poseen determinado color de piel.

Ya en 1943, el escritor y futuro efímero presidente dominicano Juan Bosch, escribió una carta a tres amigos durante su exilio en La Habana. En la epístola, lamentaba la tragedia que se había llevado a cabo en su país. Se refería, según sus palabras, al establecimiento de una base ideológica antihaitiana que, difícilmente, se podría vencer.

Además recriminaba a sus amigos escritores ser pasivos reproductores de esa misma ideología. “Los he oído a Uds. expresarse (…) casi con odio hacia los haitianos, y me he preguntado cómo es posible amar al propio pueblo y despreciar al ajeno; cómo es posible querer a los hijos de uno al tiempo que se odia a los hijos del vecino, así, solo porque son hijos de otros. Creo que Uds. no han meditado sobre el derecho de un ser humano, sea haitiano o chino, a vivir con aquel mínimo de bienestar indispensable para que la vida no sea una carga insoportable; que Uds. consideran a los haitianos punto menos que animales, porque a los cerdos, a las vacas, a los perros no les negarían Uds. el derecho de vivir…”.

Es interesante destacar que el profesor Juan Bosch fundó los dos principales partidos políticos dominicanos, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y el Partido para la Liberación Democrática (PLD). Sin embargo, dichos partidos no demostraron durante sus gobiernos la vocación de combatir las ideas antihaitianas. Todo lo contrario, la mayoría de las medidas políticas de éstos tendieron a profundizar la situación de desigualdad, no sólo de los inmigrantes haitianos, sino de su descendencia.

Discriminación institucional y social

“En mi caso, yo nunca me sentí discriminada”, nos dice Deisy Toussaint. “Todo lo contrario. Yo en la escuela, en la universidad, los profesores me reconocían porque yo tengo un apellido de la estirpe de Toussaint L’Ouverture, con lo que representa Toussaint L’Ouverture”.

Deisy logró sobreponerse a las trabas legales presentadas por la administración nacional. Se graduó en periodismo, profesión que ejerce junto a la escritura. Sobre la realidad de los afrodescendientes, nos asegura que “la negritud está muy negada en la República Dominicana. Porque aquí buscamos más acercarnos a lo europeo, a lo gringo, a lo blanco, que a lo que represente a lo negro, porque eso nos acerca a Haití”.

Pero por otro lado comenta, como un halo de esperanza, el levantamiento reivindicatorio de la comunidad afrodescendiente. “Hace cinco o seis años atrás fue que aquí empezó un movimiento de mujeres reivindicativas, que dijeron ‘este es mi pelo, este es mi color’. Porque antes, con el pelo afro, tú simplemente ni estudiabas en ningún lugar, ni trabajabas en ningún lugar, ni podías presentarte en ningún lugar. No era aceptado, porque eso era la representación de la negritud que nos acercaba a Haití”.

De esta forma, el crecimiento de las reivindicaciones de la comunidad afrodescendiente se enfrenta al sistema ideológico profundizado por Trujillo en el ámbito social. Tal vez aquí resida la clave de lo que, en la década del cuarenta, advertía con pesimismo Juan Bosch: quizá, la forma de combatir la ideología antihaitiana sea desobedeciendo con el cuerpo el imperativo de la idea hegemónicamente dominante, dotar de orgullo los rasgos de la negritud.

Pero una cosa es la batalla de las representaciones en el terreno de lo social y otra es la que se libra en el terreno político-judicial. Si ambas se pudieran enfrentar de la misma forma, para ser ciudadano dominicano bastaría con haber nacido en ese territorio. Sin embargo, las acciones político-judiciales contra la comunidad dominicana de ascendencia haitiana parecen seguir la misma lógica que se impuso en la era de Trujillo.

De hecho, los conflictos legales empiezan mucho antes que la historia de Deisy y su pasaporte. “La desnacionalización empezó en República Dominicana en año 2003 con dos casos, que fueron dos niñas que sus padres fueron a declarar una copia del acta de nacimiento para inscribirlas en el colegio y, en ese momento, la junta decidió no entregar las copias porque las niñas eran hijas de haitianos”.

Toussaint explica que ese accionar no estaba amparado por la constitución dominicana, por consiguiente, después de que las damnificadas esperaran dos años para que se solucione su situación, el caso llegó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En el año 2005, la corte falla en contra del estado dominicano, exigiendo que se entregue la ciudadanía a las niñas, que se las resarza económicamente por los dos años de espera y, como corolario, que se efectúe una disculpa pública.

“Eso fue como una bofetada sin mano para el gobierno”, dice la escritora. “Hacer una disculpa pública para unas niñas que, encima, son hijas de haitianos. Era como rebajarse. Esas disculpas públicas, dejaron bastante mal sabor en las autoridades del país”.

Lejos de modificar el accionar jurídico, el gobierno dominicano recibió la noticia como una afrenta a la soberanía nacional y fue un paso más allá. Si negar la ciudadanía a hijos de haitianos nacidos en el país es anticonstitucional, entonces hay que modificar la constitución, algo que se concretó en la reforma del año 2010.

Pero el razonamiento llevó a un accionar más desafiante todavía, incluso para los principios legales. La modificación de la constitución fue interpretada por las autoridades como de regulación retroactiva y, de esta manera, se podría negar la nacionalidad dominicana a personas que ya la poseían.

“Empezaron a quitar nacionalidad a personas que estaban en esa situación, pero que habían nacido noventa años atrás. Entonces ahora ya no afectaba a dos, a tres o a diez, sino a cientos de miles de personas. Que, incluso, habían nacido, se habían criado y habían muerto y ya, de repente, no eres dominicano”, asegura la periodista.

Fue esta realidad la que desencadenó el reclamo de una persona en particular frente a la Junta Central Electoral, órgano creado por la constitución recientemente modificada. Juliana Deguis Pierre fue quien elevó el reclamo ante el tribunal superior, quien falla, en el año 2013, en contra del reclamo y condena a todas las personas que se encuentran en la misma situación a no poseer una nacionalidad.

Deisy Toussaint | Foto: Luz Sosa Contreras

Escuchá la declaración completa de Deisy Toussaint sobre este tema

La sentencia y la repercusión

“Yo no he sentido nunca una discriminación directa, salvo cuando me tocó enfrentarme al tema de la desnacionalización”, nos dice Deisy. “Encontré palabras muy fuertes ante ‘pasaportes’, cuando decían ‘bueno, pero es que tú tienes un apellido afrancesado’. Ahí sí fue sentir la discriminación de frente”.

La historia de Deisy es una de las tres que guían el relato del documental de Gonzales Díaz, junto con la de Ana María Belique y Virtudes Pérez. En el caso de la periodista, que hoy se desempeña como corresponsal del canal Telesur, logró obtener la ciudadanía dominicana sólo cuando su padre viajó desde la isla de San Martín a otorgarle su apellido. Su progenitor había dejado su país natal por cuestiones laborales, pero desde hacía años su familia no sabía nada de él.

Sin embargo, para miles de dominicanos de ascendencia haitiana la situación no es la misma. Es por eso que la organización detrás de un colectivo que guiara la protesta fue una necesidad, y el reclamo tuvo sus repercusiones. Un amplio abanico de organismos multinacionales se hizo eco del pedido, desde la ACNUR (agencia de la ONU para refugiados), hasta la Organización de Estados Americanos y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos

“El argumento utilizado por los miembros del Tribunal para negar la nacionalidad a personas como Juliana Deguis Pierre es que sus padres tienen una ‘situación irregular’. Es decir, hay que hacer pagar a los hijos (o a los nietos y bisnietos) un supuesto delito que habrían cometido sus antepasados. Como en la Edad Media y en los tribunales de la Inquisición, según esta sentencia, los delitos son hereditarios y se transmiten de padres a hijos con la sangre”, escribía Mario Vargas Llosa en su columna del diario español El País.

En ese mismo texto, el nobel de literatura comparaba el accionar del Estado dominicano con el del implementado por los nazis.  “La sentencia del Tribunal Constitucional dominicano es una aberración jurídica y parece directamente inspirada en las famosas leyes hitlerianas de los años treinta dictadas por los jueces alemanes nazis para privar de la nacionalidad alemana a los judíos que llevaban muchos años (muchos siglos) avecindados en ese país y eran parte constitutiva de su sociedad”.

Estas declaraciones le valieron el repudio del sector más radicalmente nacionalista de República Dominicana, quien denunció que el autor peruano hería el sentimiento patriótico nacional. Además, los embajadores dominicanos en España y Reino Unido, pidieron un desagravio al diario español por la comparación que se hacía con el régimen hitleriano.

La revisión, los parches y los limbos legales

La presión local e internacional generó que el presidente dominicano, Danilo Medina, emitiera un decreto para modificar la sentencia 168-13. La ley 169 del año 2014 intentaba ser una salomónica definición para no radicalizar las posturas, sin embargo, los perjudicados fueron los mismos de siempre.

La Junta Central Electoral debía discriminar dos grupos, el A y el B. El grupo A, “eran aquellas personas que tenían algún reconocimiento. O sea, que sí habían sido declarados, y que fueron luego afectados por la sentencia. Y el grupo B, que eran las personas que estaban siendo afectadas, pero que nunca fueron declaradas. Los del grupo B, al final, quedaron como extranjeros”, explica Toussaint.

A los que pertenecían al grupo A, se les restituyó la documentación, los que sumaban un número cercano a 55 mil. Pero los afectados eran más de 250 mil, “por lo tanto, casi 190 mil quedaban en un limbo legal. En el grupo B, las personas que aplicaron quedaron como extranjeros y la cifra hoy asciende a 100 y pico. No se sabe porque, la verdad, es que la forma en que lo ha manejado la misma Junta Central Electoral, es para crear confusión. Porque a mucha gente se le entregó un papel diciendo, ‘con este papel te entregaremos el documento’ y todavía están con ese papel”, cierra la periodista. Sin embargo, Toussaint recalca que, más allá de que a muchas personas se les reotorgó la nacionalidad, la sombra de que una sentencia te la vuelva a quitar sobrevuela constantemente. Si pasó en una oportunidad ¿por qué no podría volver a ocurrir?

Escuchá la declaración completa de Deisy Toussaint sobre este tema

La espalda del sistema político partidario

Lo que llama la atención en los persistentes casos de generación de apátridas en República Dominicana, es la poca penetración del tema en los diversos partidos políticos nacionales. Tal vez no represente un amplio caudal de votos enfrentar la problemática, pero la trascendencia social que tiene la “cuestión haitiana” en el país es insoslayable.

“Es un tema muy candente en República Dominicana”, dice Deisy. “Eso significaría tener de enemigos a esos ‘defensores de la patria’, que son muy pocos pero hacen mucho ruido, y tienen poder económico, o lo que sea. Entonces, a ningún partido le conviene llevar esa clase de enemistad. Lo pueden hacer, pero de manera solapada”.

Escuchá la declaración completa de Deisy Toussaint sobre este tema

¿Quién llevará, entonces, la bandera partidaria de los desnacionalizados? Al parecer, sólo la organización entre los mismos afectados ha logrado imponer un cambio institucional. Insuficiente, es cierto. Pero, tal vez, el activismo en el seno de la sociedad civil termine horadando la roca donde se cimienta la desigual estructura sociopolítca dominicana.

Mirá el documental completo «Hasta la raíz» (2017)

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