Radio En Vivo

Por Ricardo Serruya

Difícil editorializar esta semana. No se puede, ni se quiere, gambetear un tema
áspero, complicado, difícil de abordar como lo es el caso de inseguridad vivido por
un jubilado en Quilmes, y todo el posterior desarrollo
No creo que sea necesario contar el hecho. Vaya solo un apretado resumen para
contextualizar. Un grupo de delincuentes entran, en una noche, tres veces a la casa
de un jubilado con intención de robar, agreden al anciano, lo lastiman pero no
logran su cometido ya que en una de las veces el abuelo saca un arma, los
ahuyenta, hiere a uno de ellos, lo persigue y –aparentemente ya que todavía no
hay resultados de la pericia- lo mata a más de media cuadra de su casa.
Hoy el jubilado está con prisión domiciliaria y lo que se debate, técnicamente, es si
se trata de legítima defensa, emoción violenta o simplemente homicidio. La
discusión se da porque no fue dentro de su casa en pleno robo, sino luego a
distancia de su hogar.
No vamos a entrar en esta disquisición pues es muy técnica, le comprende a los
especialistas del derecho y lo desconocemos. Por otra lado, humildemente, se cree
que el relato periodístico, sociológico y –porque no- político debe pasar por otras
aristas.
Planteada la temática, se vuelve con lo dicho al iniciar este comentario: tema difícil,
complicado de abordar, al menos si se lo quiere hacer con dosis de humanismo. Y
resulta escabroso fundamentalmente porque muchos (me incluyo) no solemos
abordar estas cuestiones, no hablamos de la inseguridad. Corremos la vista
pensando que ese no es un tema que nos competa. La inseguridad, parece que
pensamos, es un tópico que solo la derecha (con su discurso militarizado y
policíaco) puede protagonizar.
Y los que nos instalamos en otra vereda no lo abordamos y cuando hablamos,
escribimos u opinamos, lo hacemos muy mal, muy lejos de la gente.
Es un tópico que abandonamos y dejamos en manos de aquellos que comulgan con
ideas, decires y hasta actitudes filo fascistas. Lo mismo sucede con el término y la
concepción de patria.

Grave error. Pues la patria nos compete, y la inseguridad es uno de los grandes
temas nacionales: no abordarlo, no tener una posición al respecto es dejarla en
manos de personajes peligrosos que piensan que todo se soluciona “matando un
par de negros”
Los hechos de inseguridad lo vivimos todos, nos toca, nos hiere, nos mata a los que
más queremos. Debemos afrontarlo, pensarlo, generar propuestas de fondo que
además sean humanas y no esconder la cabeza o mirar para otro lado.
No hay sensación de inseguridad como alguna vez se dijo, no es una campaña, es
una realidad, se vive con miedo, se vive inseguro, pero tampoco se puede decir que
es un fenómeno nuevo, si bien ha aumentado exponencialmente, en diferentes
momentos históricos ha sido una realidad.
Lo que se necesita y se reclama son políticas, diseños, estrategias, soluciones. Una
de ellas ya la conocemos: más patrulleros, más policías, mano dura. Y una vez más
hay que decir que si un conflicto de índole social se le aplica respuestas de orden
cuantitativo es posible que fracasemos. Para ser más claro, si la única respuesta es
mayor número de efectivos policiales, más cárceles, más alarmas, más rejas, es
posible que todo siga igual. ¿Tendremos una fuerza policial en números
exorbitante, tan numeroso como hechos y sujetos delictivos? ¿A un hecho violento
la respuesta será otro hechos más violentos aún?. ¿Construiremos muchas más
cárceles?
¿Pensaste como sería esa vida?. ¿Es una solución al problema del fondo? ¿O se
trata –una vez más- de una simplificación extrema a un problema harto complejo?
Dese hace tiempo a un conflicto evidentemente social, se lo quiere combatir con
una solución cuantitativa y la verdadera discusión parece no salir a la luz. Los
verdaderos interrogantes parecen no aparecer: ¿Qué nos pasó, que hicieron con
nuestros hombres y nuestras mujeres, en que nos hemos convertido, porque vale
tan poco la vida, que le proponemos a nuestros jóvenes, se puede vivir rodeados
de alarmas, rejas y perros, con armas en nuestros hogares, desconfiando
permanente del otro, con dobles cerraduras y encerrados apenas oscurece?
No, no se puede.

Y algunas respuestas nos dicen que no siempre fuimos así, que hubo un tiempo
donde la vida era más preciada. Tan cierto como que la desigualdad no era tan
evidente, tan escandalosa. Hoy la escenografía cambió y para peor: mucha infancia
pobre, familias pauperizadas, existencias sin presente y, lo que es peor, sin
vislumbrar futuro. En ese marco, los riesgos suelen ser mayores y el respeto por la
vida ajena y hasta por la propia escasa o nula.
Que se entienda bien, no se está justificando el delito, ni siquiera se simplifica que
la pobreza trae como única salida, la delincuencia, solo se están buscando otras
salidas que no sean las mismas de siempre, que, al menos, ya demostraron su
ineficacia.
Lo complejo del tema merece que escuchemos a especialistas en serio, que puedan
aportar algo más que salidas racistas o simplistas. ¿Que hacen algunos colegas
pidiéndole opinión sobre el tema a Susana Gimenez, marcelo Tineli o Moria
Casan?. Sería como poner a un sociólogo o a un criminalista al frente del casting de
bailando por un sueño
Está claro que si las cuestiones sociales la tinelizamos, la susanagimenizamos o la
moriacasaneamos, muy bien no nos puede ir.
Discutir un proyecto de país también compete este tema: ¿Y si pensamos por un
momento en sumar más fabricas que cárceles, programas para que nuestros pibes
y pibas puedan desarrollarse creativamente inlcuyéndolos?. ¿Si dejamos de asistir
durante décadas con planes sociales que apenas alcanzan para sobrevivir y
generamos de verdad laburo?. ¿Si los de arriba dan el ejemplo y dejan de robar,
pero no por dos años,, sino para siempre?
Si empezamos a contestarnos estas preguntas y convocamos a los que saben para
que diseñen políticas de verdad que apunten a una sociedad feliz, posiblemente
también sea una sociedad segura y ningún jubilado tenga que tener un arma en su
casa para defenderse.
Mucho menos para usarla.

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