Una nueva investigación sobre la toxicidad existente en nuestros cursos de agua se dio a conocer. Se trata de una investigación –a las que ya nos tiene acostumbrado- llevada a cabo por el equipo de exotoxicogía de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Litoral(Conicet).
El equipo está conformado por Ana Paula Cuzziol Boccioni, Andrés Attademo, Karen Rusell White, María Lancelle, Rafael Lajmanovich y Paola Peltzer y, el objeto de estudio fue la cuenca de “Las Conchas” en la provincia de Entre Ríos.
(Por Ricardo Serruya)
En un pasado cercano ya habían alertado sobre los riesgos que producen los cócteles contaminantes y los pulsos tóxicos. Así lo de explicó el Dr Lajmanovich en un artículo publicado en este sitio en febrero de este año (https://sepresumeinocente.com.ar/el-pulso-toxico-y-la-mortandad-de-peces-en-el-carcarana-lo-que-el-rio-esta-revelando/)
En este caso el trabajo (publicado en la revista científica Human and Ecological Risk Assessment) se centra en los pulsos de contaminación agroindustrial que transportan las lluvias en las cuencas amenazando, no solo la biota acuática, sino también la salud pública.
La cuenca “Las Conchas” se trata de una red tributaria que, como otros arroyos, desemboca en el río Paraná por lo que, los parámetros contaminantes existentes en estos cursos de aguas afecta, irremediablemente, en el gran gigante que recorre Argentina, Brasil y Paraguay.
El trabajo se fundamentó en el análisis de anfibios y de muestras de agua.
Los primeros se utilizan como bioindicadores del cambio ambiental debido a su piel permeable y sus etapas de vida acuática. Como ya lo han expresado estos investigadores en anteriores trabajos, estos vertebrados se encuentran amenazados por la contaminación con pesticidas, metales y fertilizantes –entre otros-, por lo que resulta importante conocer las respuestas de estas especies durante los vertidos posteriores a las lluvias proporcionando un marco valioso para caracterizar el riesgo ecológico.
Conocer qué sucede con estas especies en los días posteriores a la presencia de lluvias en los cursos de agua fue una de las hipótesis del grupo de trabajo que estuvo a cargo de la investigación.
COCTEL DE CONTAMINACIÓN
Los análisis de las muestras de agua en momentos posteriores a la producción de lluvias en los arroyos que conforman esta cuenca (Crespo, Espinillo y Las Conchas) encontraron metales, indicadores mIcrobianos y cianobacteria (un tipo de bacteria que en el ecosistema acuático pueden ser nocivas ya que reducen el paso de la luz. Por otra parte existen especies tóxicas que pueden liberar toxinas). Además se pudo verificar una disminución extrema de oxígeno.
En el detallado informe se relata que este combo contaminante trae, entre otras consecuencias, mortalidad larvaria y deterioros subletales.
Lo que plantean, con preocupación, los investigadores es que los eventos de lluvias pueden generar crecidas que movilizan los contaminantes en los suelos, las redes de drenaje y los estanques de tratamiento de aguas residuales. Se trata de residuos de agroquímicos utilizados por el agronegocio, efluentes químicos no tratados y residuos cloacales. Todo un combo que termina en cursos de agua menores y que desembocan , aguas abajo, en el río Paraná influyendo en la calidad del agua a escalas mayores aún.
En octubre del año 2025, después de un evento de fuertes lluvias (casi 90 mm de agua caída) , los investigadores realizaron un muestreo en los tres arroyos (Crespo, Esapinillo y Las Conchas) . Según se puede leer en el trabajo la cantidad de precipitación caída en esa oportunidad hizo que los contaminantes se movilicen hacia el sistema acuático.
Una de las conclusiones más preocupantes tiene que ver con que estos compuestos contaminantes perduran temporalmente más allá de los monitores convencionales que suelen hacerse y advierten que:
“en las cuencas agroindustriales, tales aportes episódicos a menudo superan transitoriamente los umbrales de exposición crónica y desencadenan efectos ecotoxicológicos agudos en cortos períodos de tiempo, incluyendo un aumento de la mortalidad en invertebrados acuáticos y una actividad de alteración endocrina elevada aguas abajo de las instalaciones de tratamiento de aguas residuales durante condiciones de desbordamiento”.
Como lo expresan en diferentes tramos de la investigación, estos pulsos de contaminación no quedan estáticos, sino que son impulsados por lluvias que, como se sabe y por efecto de la crisis climática, suelen ser rigurosas y abundantes. Los desbordamientos inducidos por la lluvia de lo utilizado por la producción ganadera intensiva, las industrias de procesamiento de alimentos, la descargas de mataderos, y la infraestructura deficiente en el tratamiento de aguas residuales desagotan en estos arroyos degradando el entorno y dispersándose más allá de esta geografía afectando la salud de los territorios y de los cuerpos de animales y de humanos que habitan esos territorios.
El panorama se agrava si además la escorrentía impulsada por la lluvia moviliza residuos de antibióticos y materia orgánica produciendo aumentos abruptos de cargas microbianas generando agotamiento de oxígeno y estrés fisiológico severo para la fauna acuática.
La combinación de estos compuestos contaminantes comprometen la integridad de la cuenca e, incluso, afecta áreas protegidas como lo es la reserva del Parque Escoñar Rural Enrique Berduc, un lugar que, por ser reserva, debiera estar exceptuado de sufrir contaminación.
Existen demostraciones empíricas, como el cambio de coloración roja en algunos cursos de agua que junto con pruebas científicas, concluyen en resultados que son claves y contundentes: existe daño ecológico en los arroyos ya sea por falta de oxígeno o por la presencia excesiva de nitrato, amoníaco, coliformes fecales (producidos por eventos de desbordamiento de aguas residuales) y otros componentes como plomo, cobre y zinc generando riesgo ecológico.
Todo un cóctel contaminante que pone en riesgo el entorno y la salud.
TAMBIÉN EN EL RIO PARANÁ
Como lo alertaron anteriormente, este fenómeno contaminante no queda solo en estos arroyos ya que , al desembocar en el río Paraná, también lo contaminan.
Estos componentes existentes en los arroyos trae como consecuencia la falta de movilidad y los deterioros en el rendimiento de natación de renacuajos, que comprometen la eficiencia de búsqueda de alimentos y la evasión de depredadores , e inclusive la muerte de estos anfibios que son tomados como biomarcadores, no solo en los lugares donde residen, sino también en otras geografías. Así queda plasmado en el trabajo cuando sus autores remarcan que “las fuertes lluvias en los afluentes agroindustriales de la Cuenca de Las Conchas dentro del sistema del río Paraná están asociadas con pulsos de contaminación aguda que se propagaron aguas abajo y causaron efectos severos” en renacuajos y larvas que “proporciona una fuerte evidencia que respalda el deterioro ecológico”
Además se aportan pruebas que concluyen que:
“los vertidos de efluentes provocados por las lluvias representan escenarios de exposición ecológica de alto riesgo en los afluentes agroindustriales de la cuenca del río Paraná. Los episodios de contaminación posteriores a las lluvias se caracterizaron por una grave degradación fisicoquímica, que incluyó hipoxia, elevadas cargas microbianas y concentraciones de metales que superaron los umbrales de calidad ambiental, lo que confirma la presencia de condiciones de exposición peligrosas. La mortalidad aguda y las alteraciones subletales… proporcionan pruebas contundentes de que estos episodios de contaminación pueden producir efectos tóxicos inmediatos y biológicamente significativos”.
El tema resulta más gravoso cuando se puede leer que independientemente del riesgo que resulta para la fauna acuática, la presencia de elementos contaminantes en los arroyos plantea una amenaza para la salud humana, más aún si se tiene en cuenta que algunos de estos cursos de agua sirven como balnearios y espacios de recreación.
Como suelen hacerlo, los autores de este trabajo no se quedan solo en el diagnóstico, pues también sugieren acciones que los gobiernos deben evaluar y que –según el criterio de este periodista- no son tenidos en cuenta. En esta ocasión nuevamente se destaca “la necesidad de un monitoreo basado en eventos para mejorar la precisión de la evaluación del riesgo ecológico” y advierten que además que ciertos monitoreos convencionales que no tienen en cuenta los efectos que causan las lluvias extremas, pueden subestimar el riesgo ecológico.
Esta recomendación resulta fundamental pues nadie podrá escudarse, tal como lo dijo alguna vez un gobernador ante la catástrofe de la inundación santafesina “a mí nadie me avisó”.